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MONKEY BUSINESS

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  • 17 mayo, 2018
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Redacción YG Abogados

 

¿Pueden los monos demandar sus derechos ante los tribunales de justicia? Más aún ¿Tienen derechos los monos? Como sabemos, últimamente, en la prensa, en los chats de Facebook y demás medios del mentidero, aparecen noticias del tipo: “El Congreso impulsa por unanimidad que los animales dejen de ser cosas” (El Mundo, 12 de diciembre de 2017), Los animales dejan de ser cosas” (El País, 13 de diciembre de 2017), etc. Cuando lo vi, en un foro, pregunté, y “si no son cosas ¿qué son?”, alguien me contestó “seres vivos”, pero insistí “Y ¿cuál es el régimen jurídico de los seres vivos?”. Silencio.

En los tiempos actuales, en los que todo se convierte en un derecho (a tener el mismo salario, a no ser discriminado, a no ser acosado, etc.), en Estados Unidos ha habido varios casos en los que se ha pretendido que un mono actúe ante los tribunales.

                                                                Mono del selfie

Probablemente, el caso más conocido es “el mono del selfie”. El fotógrafo David Slater se hallaba en Indonesia haciendo un reportaje sobre los macacos crestados de las Célebes; dejó su cámara sin vigilancia, cuando uno de los monos, de nombre Naruto (la noticia no aclara si el mono se presentó personalmente o alguien informó del nombre al fotógrafo), la cogió y pulsó el botón haciéndose una serie de autorretratos. Las imágenes son bastante divertidas: aparece un primer plano de la cara del mono sonriente. La cosa no habría tenido mayor trascendencia, si no hubiera sido porque un grupo de protección de la fauna animal, People for the Ethical Treatment of Animals (“PETA”), ejercitó una acción contra el fotógrafo y la revista al considerar que los derechos de imagen no le correspondían al fotógrafo ¡Sino a Naruto!

La demanda, según explica Tobin Weintraub, en su artículo “No More Monkey Business: The Ninth Circuit Finds Monkeys Cannot Sue For Copyright Infringement”, en JD Supra, 9 de mayo de 2018, fue inadmitida por el Juzgado de Distrito “finding that the complaint did not state facts sufficient to establish statutory standing under the Copyright Act. In response, PETA and Dr. Engelhardt appealed on Naruto’s behalf”. Insatisfechos con el resultado, PETA interpuso recurso de apelación que ha sido resuelto por el Tribunal del 9.º Circuito, que la ha desestimado con base en que “PETA could not bring the claim on Naruto’s behalf for two reasons: (1) because PETA failed to allege facts to establish the required significant relationship between the “next friend” and the real party in interest and (2) because an animal cannot be represented, under U.S. law, by a “next friend””.

Curiosamente, en un caso menos comentado, sustantivamente análogo, y jurídicamente mucho más interesante, aparece en ABA Journal, en un artículo firmado por Debra Weiss Casens, titulado “Chimpanzees lose habeas bid in New York’s top court; a judge sees a ‘manifest injustice’”, de 8 de mayo de 2018. En el que se cuenta que la asociación Nonhuman Rights Project of Coral Springs, había planteado una demanda de habeas corpus, en nombre de dos chimpancés, Tommy y Kiko, que se encontraban “entre rejas”, para conseguir su liberación. El Alto Tribunal de Nueva York finalmente rechazó la petición argumentando que “a chimpanzee is not a member of the human species … But whether a being has the right to seek release from confinement through habeas corpus should not be treated as a simple either/or proposition”, añadiendo que “While it may be arguable that a chimpanzee is not a ‘person,’ there is no doubt that it is not merely a thing”.

                                             Monkey Business

De estos casos, me llama la atención que aunque los jueces consideran que los simios no pueden accionar, no niegan que puedan tener derechos y que su situación puede ser de “manifest injustice”.

Quizá no sólo puedan tener “derechos”, sino también obligaciones, y así, si un mono nos causa un daño podríamos demandarle. Lo que me recuerda la estupenda película de Cary Grant y Ginger Rogers “Monkey Business” (a España llegó con el abominable título “Me siento rejuvenecer”), en la que Cary Grant, que hacía de científico que investigaba un fármaco para retrasar el envejecimiento con chimpancés; a consecuencia de una travesura de uno de estos, toma el fármaco y eso le hace comportarse como un niño y, naturalmente, irresponsable.

En otras palabras ¡Nos pasamos la vida intentando no ser responsables de nuestros actos, y ahora queremos que un mono que carece del menor conocimiento de lo que son las leyes humanas, la sociedad, civilización, la lectura, el habla, etc., tenga derechos y obligaciones! ¡O como diría Hume, uno puede hacer consideraciones éticas (y jurídicas) sobre la conducta de los demás porque puede decir «si estuviera en mis manos», pero no sobre los animales, porque no es aceptable decir «si estuviera en mis garras»!

En cualquier caso, a partir de ahora, me lo pensaré antes de reñir a mi perro cuando haga una traversura. Por si se le ocurre demandarme …

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